Teatro, Literatura y Periodismo​

El club de lectura como espacio para hacer de la lectura un pilar comunitario

Beatriz Manguen Sapiña • Ilustraciones por Carmen Tapia FULCRUM / ARCHIVO LITERARIO / NÚM. 34

"La lectura no debería ser una actividad solitaria: el encuentro con el otro a través de las páginas transforma la experiencia individual en una red de acompañamiento y comunidad."

Portada
Manguen Sapiña, B. (2025). El club de lectura como espacio para hacer de la lectura un pilar comunitario. Fulcrum / Archivo Literario, (34), pp. 143-147.
Descargar PDF

El primer libro que atesoré se llamaba Fairy Oak: El secreto de las gemelas de Elizabeth Gnone. Trataba de dos hadas que resolvían un misterio. Recuerdo recostarme en mi cama rodeada de peluches con el libro en mano. Leía una página por noche esperando a ver como las gemelas lo resolvían. En cuanto lo resolvieron y terminé el libro corrí a contarle a mis papás. Gracias a ellos, que siempre han sido grandes lectores, mi casa y, por lo tanto, mi cotidianidad ha estado rodeada de libros. Sin embargo, la sensación de contar lo que pasaba en el libro, sin que ellos lo hubieran leído, se me quedó corta. Quería discutir cada giro de tuerca, cada vez que el libro me había sorprendido y necesitaba saber si ellos habían sentido lo mismo. Atesoré tanto Fairy Oak: que, a los 25 años, cuando me mudé de casa, tomé la difícil decisión de que ese libro ya no debería estar en mi librero, para que ahora cautivara a otra pequeña lectora.

Ese libro no me llevó a otro y no me convertí en una ávida lectora. Para eso pasaron muchos años hasta que por fin me enamoré completamente de la lectura. Las visitas familiares a la Gandhi me dejaron la ventana abierta, la inquietud constante de miles de libros esperándome a ser leídos. En la secundaria llegó la saga de Crepúsculo que conquistó a miles de adolescentes. Todas mis amigas lo estaban leyendo, así que pedí el libro como regalo de Navidad y me enamoré. Y no solo de Edward Cullen, el vampiro atormentado que cae profundamente enamorado de una adolescente cualquiera, no, también me enamoré de la experiencia de compartir la lectura. Mi grupo de amigas se juntaba en el recreo a platicar en qué parte del libro íbamos y discutíamos si nos gustaba más Edward o Jacob. Empecé a vivir la lectura. En la preparatoria leí mucho más. Comencé a llenar mi librero de tesoros. Todo esto me llevó a estudiar Letras Hispánicas en la UAM. Todos los días, en todas mis clases, se compartía la lectura. ¡Me encantaba!

Ilustración comunidad de lectura

Casi al final de mi carrera universitaria me fui de intercambio y leí como nunca. Sin embargo, fue una experiencia muy dura académicamente y caí en una depresión que a mi regreso me alejó completamente de la lectura. Observaba los libros esperando a ser leídos pero solo acumulaban polvo. Llegó la pandemia y seguía sin leer. Me sentía perdida. Gran parte de mí estaba en esos libros y no podía acercarme a ellos. Todo terminó cuando una amiga me recomendó Normal People de Sally Rooney. El bloqueo lector se levantó con esa última página. Corrí a contarle a mi amiga todo lo que me había gustado y lo que no. Me paró en seco: “Te lo recomendé pero yo no lo he leído, no me cuentes nada”. Quedé decepcionada. Quería desmenuzar el libro, comentarlo, volverlo a vivir.

Aunque la chispa de los libros se volvía a encender, no leía. Algo me faltaba. Fue cuando reflexioné por qué me gustaba leer. No eran solo las historias sino que me gustaba compartir todo lo que había vivido a lo largo de la lectura. ¿Por qué la lectura se había convertido en una actividad solitaria? ¿Cuándo pasamos de transmitir nuestras historias de manera comunitaria, a transmitirlas solo de forma silenciosa?

La lectura no siempre ha sido una actividad solitaria

De hecho, si consideramos el tiempo que llevamos existiendo como sociedad, tiene muy poco tiempo de experimentarse así. Nuestra capacidad de comunicarnos con los otros, de una manera precisa, y ser entendidos completamente no la tiene ninguna otra especie. Para el lingüista Walter J. Ong (2016, p. 41), "el lenguaje es un fenómeno oral". Es decir, el lenguaje se centra en el oído pero se ayuda también de todos los demás sentidos; es un fenómeno oral y humano. La comunicación oral existió antes que la escritura, por lo tanto, el lenguaje podría prescindir de sus grafías: "La expresión oral es capaz de existir, y casi siempre ha existido, sin ninguna escritura en absoluto; empero, nunca ha habido escritura sin oralidad". (Ong, 2016, p.43).

Lectura compartida

Nos podríamos comunicar satisfactoriamente sin la necesidad de la escritura, sin embargo, no podríamos comunicarnos con solo la escritura, porque la escritura depende de la oralidad. Siempre nos hemos contado historias; así hicimos comunidad. Cuando las sociedades comenzaron a escribir, pocas personas dentro de estas podían hacerlo, y pocas más sabían descifrar las grafías del papel. Esto implicó que la oralidad siguiera como el mayor canal de comunicación. La aparición de la escritura no detuvo la oralidad, ni disminuyó su uso, al contrario, la escritura la amplificó.

A lo largo del avance histórico de las sociedades el lenguaje tomó una vía de desarrollo totalmente innovadora: la imprenta. Este invento ayudó a que la difusión del conocimiento fuera en aumento, aunque gran parte de la población seguía siendo analfabeta. Los relatos y libros se leían en voz alta frente a un público y lograban así un mayor alcance. La imprenta fue el invento más eficaz para la humanidad: la memoria colectiva que se transmitía de manera oral ahora podía estar en papel y se podía recurrir a ella siempre que fuera necesario.

Evolución de la lectura

Así, mientras las sociedades se fueron alfabetizando y nuevos grupos lectores fueron apareciendo, el lenguaje y la escritura tuvieron cambios radicales. La lectura se convirtió en una práctica silenciosa y personal. Nuevas historias podían ahora ser plasmadas con grafías, para no olvidarlas y, aparte, ser distribuidas a mucha gente que ya era lectora ávida. Ya no había que reunirse con los demás para saber de qué iban los textos. Fue "la impresión un factor principal en el desarrollo del concepto de una vida personal privada que caracteriza a la sociedad moderna". (Ong, 2016, p.206). Las prácticas de lectura se individualizaron. Dejó de ser una práctica comunitaria y se convirtió en una solitaria y silenciosa. En Los demasiados libros, Gabriel Zaid (2010) explica la evolución de la lectura. A pesar de esta permanencia de la oralidad del lenguaje, hoy estamos experimentando una práctica de lectura diferente a la de nuestros antepasados. La humanidad se tardó en hacer de la lectura visual una práctica silenciosa, la costumbre era la lectura en voz alta para poder enunciar las palabras que se encontraban en el papel. Tener que hacer ese cambio tomó tiempo, sin embargo, para el siglo XVIII la práctica de leer en silencio ya era cotidiana.

Construyendo una nueva comunidad

¿Pero, no se disfruta mucho más un libro en compañía de otros? Yo quería reunirme con mis amigas otra vez en el recreo para hablar sobre libros, pero todas ya habíamos crecido, teníamos intereses diferentes. ¿Y si armo mi nueva comunidad? Así que, todavía en plena pandemia, armé un club de lectura virtual porque la lectura compartida es mucho mejor. Sabía que esa idea de reunirse a leer todas al mismo tiempo sería difícil, y quizás poco “apetecible” para un público acostumbrado a leer solitariamente y en silencio, por lo que la idea de reunirnos a comentar lo ya leído era lo mejor de ambos mundos.

Reunión virtual

La primera sesión fue más parecida a una clase (de las que yo estaba acostumbrada) que a una reunión para discutir libros. Nos fuimos adaptando. Dejé de lado esa parte más académica y me presenté como una lectora más, una lectora guía. Desde el principio he querido demostrarles a los participantes del club que la lectura es para todos, que esa idea preconcebida que tenemos sobre la lectura en espacios de alta cultura, de eruditos, de que algunos libros solo pueden ser leídos por ciertas personas, es completamente errónea. A lo largo de los años, hemos demostrado que se puede leer de todo, que no hay edad ni género para las lecturas. Ahora, a casi cuatro años del club de lectura, hemos leído más de 60 libros. También he sido muy enfática en motivarlos a compartir sus opiniones verdaderas. No todos los libros nos gustarán, algunos quizás ni los terminaremos de leer, otros nos parecerán inverosímiles.

Sin embargo, llegar con esas opiniones a la reunión es mucho más enriquecedor que una sesión donde todos decimos “me encantó”. Puedo decir con orgullo que hemos tenido ya varias sesiones en donde los participantes debaten tanto sobre la lectura que terminan cambiando de opinión. Pero lo que se me hace más importante comentar aquí no es la cantidad y calidad de libros que hemos sumado a lo largo de los años, sino la comunidad que hemos forjado a través de la lectura. Este “efecto secundario” del club de lectura me tomó desprevenida.

Comunidad y libros

De a poco, los participantes del grupo nos fuimos lanzando más allá de solo la lectura. Tomamos las lecturas como reflejo de nuestras experiencias y compartimos con los demás estas historias, abrimos la ventana a nuestra vida y contamos cosas similares a las leídas. De pronto, ya nos felicitamos por nuestros cumpleaños, nos deseamos suerte en las nuevas aventuras y mandamos apapachos en momentos duros. Hemos hecho una comunidad, con la lectura como pilar principal, de donde sacamos ramas, donde creamos una red fuerte de acompañamiento y cuidados.

Desde la creación del club de lectura he reflexionado sobre ese espacio alrededor de los libros y cómo lo podríamos integrar a otros espacios para ir generando comunidades. En lugares tan grandes como la Ciudad de México, encontrar un lugar en donde uno se sienta seguro de compartir los gustos, de decir lo que realmente piensa y, a la vez, fomentar esa lectura que tanto falta es complejo. La meta sería crear comunidades virtuales que puedan llegar a ser presenciales, que dejen de lado el tabú de la lectura y, en cambio, la abracen y la dosifiquen. Para mí, el gran problema de la falta de lectura en México radica ahí, en la manera en la que glorifica la lectura. Porque al hacerlo, alejamos a la población de ella. No vamos de a poco, con lecturas sencillas, con lecturas acompañadas. Queremos introducir la lectura ya de lleno en comunidades no lectoras y es obvio que terminamos fracasando.

La lectura acompañada, aparte de disfrutarse más, es la base para crear lectores. Quisiera que estos espacios fueran esa ventana abierta, que deja la intriga de la lectura abierta, como alguna vez lo fueron para mí las visitas familiares a la Gandhi. En los días en los que he escrito este texto noté algo nuevo. Una vez que eres parte de un club de lectura, leer sin poder comentar lo que lees no sabe igual de rico. Me he encontrado en varias situaciones donde leo un libro (que no es para el club) y no lo comento con nadie, y ese libro ya me queda corto. Busco reseñas y opiniones en línea, pero no hay cómo deconstruir la historia, desmenuzarla. Claro que, si el libro es apto para el espacio, empiezo a buscar fechas para integrarlo al calendario de lecturas en el club. Si los integrantes del club de lectura tienen ya varios libros que atesoran, que recomiendan y promueven, yo me doy por bien servida. Porque sí, quizás empecé ese espacio para satisfacer una necesidad propia, pero terminé ganando mucho más de lo que hubiera imaginado. Por último, hago una invitación abierta a los lectores de este artículo a ser parte de esta comunidad. No se necesita mucho más que la espinita para querer leer, acá nosotros los acompañaremos a sumergirse al mundo de la lectura.

Beatriz Manguen Sapiña — Fulcrum 2025

Referencias
Ong, W. J. (2016) Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra. Trad. de Angélica Scherp. México: Fondo de Cultura Económica.
Zaid, G. (2010) Los demasiados libros. México: Debolsillo.

Publica con nosotros

Contacto: fulcrum@lancaster.edu.mx​

SÍGUENOS

SIGUE NUESTRAS REDES SOCIALES

FULCRUM®, Año 21, No. 33, diciembre 2024, es una publicación anual editada por La Escuela de Lancaster, A. C. Calle Prolongación 5 de mayo No. 67, Col. San Pedro Mártir, Alcaldía Tlalpan, C. P. 14650 en la Ciudad de México, Tel. (55)56669796, www.lancaster.edu.mx/fulcrum. Editora responsable: Carolina Alvarado Graef. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2013-020613433500-203, ISSN: ambos otorgados por el Instituto Nacional de Derecho de Autor. Responsable de la actualización de este Número, Unidad de Informática La Escuela de Lancaster A. C. Víctor Fabián Nava Salazar, Calle Prolongación Calle Prolongación 5 de mayo No. 67, Col. San Pedro Mártir, Alcaldía Tlalpan, C. P. 14650 en la Ciudad de México, fecha de la última modificación 30 de diciembre de 2024.

X
Lanky App

GRATIS
VER