La traducción, tanto en teoría como en oficio, requiere de compromisos y, con frecuencia, sacrificios. Dependiendo del objetivo del autor original, del traductor, y de la capacidad para comunicar que posean estos dos personajes misteriosos y excéntricos, el texto que llega a nuestras manos cambia.
Uno de los mejores ejemplos de esto es La Odisea. En estos años, se ha vuelto más prevalente la teoría de que fue un poema transmitido oralmente a través de generaciones de poetas, quienes —como Homero— se dedicaban a viajar y contar historias a las masas a cambio de comida y habitación. Podría argumentarse que Homero fue simplemente el primer traductor de la Ilíada y la Odisea; al escribir estos poemas, las mnemotécnicas y refranes que le ayudaban a alcanzar la cantidad de sílabas necesarias por verso tuvieron que sacrificarse. Sacrifica también la música que acompañaba a toda poesía de esa época; las melodías de su lira no llegaron a nosotros de forma escrita.
Este tipo de traducción se llama traducción intersemiótica, o transmutación, y ocurre cuando un mensaje pasa de un medio de comunicación a otro, como de la verbalidad al escrito, o del escrito a los gestos de las lenguas de signo —o cualquier combinación de estos tres elementos. Personalmente, prefiero el término adaptación, ya que no solo cambia la esencialidad del texto, sino también el medio de comunicación. Pero la terminología es secundaria: hablamos de la transformación de un texto en otro.
No sabemos por qué Homero decidió traducir sus poemas y los traductores posteriores no pueden hablar con él acerca del mensaje central de sus historias. Aún así, eso no los ha detenido en su labor de traducir la Odisea.
La Odisea ha pasado por los tres tipos lingüísticos de traducción (según Roman Jakobson). Primero, de la ya mencionada: la traducción intersemiótica —del hablado al escrito y viceversa, hacia el lenguaje de los signos, hacia películas y teatros y escenografías, incluso hacia exhibiciones. Segundo, la traducción intralingüística, es decir, dentro de su propia lengua. Pasar los textos en verso de Homero hasta la prosa, tanto en griego antiguo como griego moderno, y pasarlo en formatos menos formales, para niñes y adolescentes; también se le llama reformulación del texto. Finalmente, la tercera forma de la traducción: la interlingüística, es decir a de un sistema de lenguaje a otro. En el caso de La Odisea, se transfiere del griego antiguo a cualquier otra lengua, como el español. Me enfocaré sobre esta última forma de traducción.
EXPOSICIÓN
Podemos identificar una infinidad de problemas en la traducción interlingüística, pero me concentraré en tres categorías lingüísticas; etimología, significado y sintaxis. Las primeras dos entran en la categoría de contenido y están estrechamente relacionadas. Para empezar por lo simple, voy a exponer primero los problemas de sintaxis, que caen en la categoría de forma.
La sintaxis describe las reglas lingüísticas mediante las cuales se pueden construir frases. Es decir que todos los elementos lingüísticos —las palabras, los acordes, etc.— deben respetar un conjunto de reglas que permite construir versos, frases y párrafos comprensibles. Estas reglas varían según el sistema lingüístico (español, inglés, francés, japonés, árabe, etc.) Todo esto para decir que la forma del lenguaje debe respetar una estructura. Frases como “Mono;! manzana cae materia’ mama” no significan nada para nadie y, a pesar de los mejores esfuerzos dadaístas, no sirven y por lo tanto no son reproducidos lo suficiente como para entrar al léxico común.
Las diferencias más evidentes en la forma de un texto surgen porque las reglas de sintaxis cambian de un sistema de lenguaje a otro. En inglés, la frase Did she take those pills under the fake bottom?, no puede traducirse al español como Hizo ella tomar esas píldoras bajo el falso fondo?. Para empezar, en español es necesario el signo de apertura de interrogación “¿” para indicar el principio de una pregunta. Hizo ella tomar, aunque comprensible, no tiene sentido: en español, ni “hacer” ni “tomar” son verbos auxiliares, por lo que no se puede hacer una estructura verbal compuesta con ellos. La única razón por la que este ejemplo no es completamente incomprensible es que tanto el inglés como el español pertenecen a la familia de lenguajes proto-indo-europeos, ambos descendidos de la rama del latín y de las lenguas gálicas. En cambio, si hiciéramos el ejercicio de traducir al mandarín, donde los verbos no indican la temporalidad de la acción, el resultado sería imposible de comprender.
Menos evidente, pero igual de impactante, es el efecto provocado por las diferencias en las reglas de sintaxis donde la forma implica ciertas connotaciones. A pesar de que hay ciertas reglas inviolables en cada sistema de lenguajes, una verdad empírica en la experiencia literaria es que existen un sinfín de posibilidades de manipular los elementos lingüísticos para provocar diferentes experiencias para el lector. "De aquí soy, y de aquí eres" es mucho más romántico que "de aquí somos", a pesar de que somos reemplaza la función sintáctica de soy…eres. "De aquí somos" connota a predestinación e incapacidad de salir de su propia situación; pero "En este lugar existimos” es una frase con sinónimos de la primera pero con la misma estructura y connota una temporalidad comunitaria de la situación presente. Esta diferencia de contenido muestra que la misma sintaxis significa cosas diferentes, pero el primer ejemplo demuestra que una sintaxis distinta tiene el mismo efecto.
Por lo tanto, al traducir se cambia necesariamente la sintaxis, y del mismo golpe el contenido. En el caso de la Odisea, varios traductores han intentado ser fieles a la forma sintáctica de la poesía en griego antiguo. La Odisea es un poema escrito en hexámetro dactílico; es decir, cada verso tiene seis pies; los primeros cinco contienen ya sea dos sílabas largas o una sílaba larga y dos cortas; el sexto pie generalmente contiene una sílaba larga y una corta (aunque a veces tiene dos sílabas largas). Estos detalles no importan realmente; es una manera alargada de decir que la Odisea sigue una forma sintáctica muy, muy específica. Tan específica que es casi imposible de traducir. Algunos traductores argumentan que otras formas dactilares son más apropiadas para ciertas lenguas modernas y, por lo tanto, traducir a un tetrámetro dactílico, por ejemplo, es “más fiel” al texto original ya que conserva un cierto “espíritu de sintaxis”.
Existen otros problemas al traducir la forma de un texto pero me gustaría hacer la conexión con el de traducir el contenido de un texto, empezando por el significado. Con “significado” me refiero a la conexión entre una unidad lingüística (palabra) con una referencia a la experiencia humana como la experiencia del color, o el sentimiento del amor. Cambiar cada palabra por un sinónimo —es decir, una traducción intralingual— cambia el significado de la frase, aun manteniendo la misma sintaxis. Esto ocurre por la diferencia entre denotación y connotación; la definición literal versus las implicaciones contextuales de la palabra. “Error” y “falta” son ambos denotativos de una equivocación, pero la segunda generalmente se usa en el contexto deportivo. Este es un problema en la traducción intralingual que se amplifica cuando se pasa a la traducción interlingüística.
Una de las palabras cuya traducción es más discutida en la Odisea es la quinta palabra del poema. En griego antiguo, el término que se usa para describir a Ulises significa algo como “de las mil mentiras y engaños”. Si se quiere traducir la sintaxis, es imposible usar tantas palabras para describir una sola; incluso en prosa, una frase que se repite tan seguido no puede ser tan larga. “Engañoso” no tiene la connotación de mentiroso, sino al contrario, alguien que dice verdades de manera torcida a su ventaja. “Mañoso” es un poco más acertado, pero es demasiado negativo; esta frase es un elogio al personaje de Ulises (bueno, si no eres Polifemo).
Peor aún, a veces hay conceptos que ni con la frase más larga y detallada se pueden explicar. Las diferencias culturales imposibilitan ciertas traducciones; el ejemplo más conocido de esto son los colores. ¿Cómo explicar la experiencia del celeste a un lector ruso, quien no diferencia entre el azul claro y el azul oscuro? El ruso simplemente no tiene manera de expresar que un color sea “más claro” (pastel) o “más oscuro” (saturado). Es imposible traducir esa experiencia, mucho menos crear una unidad lingüística que se aproxime.
Otro ejemplo conocido es el del género. ¿Cómo explicarle al inglés que “la mesa” en español es femenino, y cuando un poeta escribe “rasposo mantel, sofocando la mesa”, es una metáfora para el sufrimiento femenil en el matrimonio tradicional? “Rough tablecloth, suffocating the table” no connota la vida matrimonial de la misma manera.
Brevemente, quiero tocar el tema etimológico y su relación con la traducción. Muchos de los problemas de significado tienen su raíz en la proveniencia de la palabra; en lenguajes donde las raíces etimológicas no tienen nada que ver la una con la otra (por ejemplo, el árabe y el español), la historia de las palabras simplemente diverge demasiado. En el ejemplo de los colores; el hecho de que provengan predominantemente de una roca o de un insecto cambia por completo el significado de la frase “rojo, crujido bajo mi bota”. Demostración de fuerza para los hispano hablantes, y quizás de asco —o crueldad, dependiendo de la sentimentalidad entomológica del lector— para los hablantes de árabe.
CONCLUSIÓN
Roman Jakobson divide la traducción en tres tipos; intersemiótica, intralingüística, e interlingüística. La última forma es la traducción más evidente, ya que es la que lidia con traducir entre sistemas de lenguaje (como el español, inglés, francés, etc.). Surgen varios problemas teóricos al intentar traducir: la forma y el contenido. La forma se resume a la sintaxis, y parte del hecho que ningún sistema de lenguaje tiene las mismas reglas sintácticas. El contenido tiene varios componentes; este ensayo se concentró en la etimología y el significado de las palabras. La etimología remonta a problemas que se pueden categorizar como “visiones del mundo”, es decir, la manera en la cual el lenguaje afecta la manera en la cual se percibe el mundo. Cuando uno tiene que traducir interlingüísticamente, uno se enfrenta a una combinación de todos estos problemas.
Diferentes tipos de textos pueden tener más dificultades con ciertos aspectos del lenguaje que otros. El género dramático está menos sujeto a “visiones del mundo” y etimología, ya que cada interpretación teatral se encargará de poner su propio toque personal. Sin embargo, el énfasis en el diálogo puede hacer que la sintaxis y el contenido sean extremadamente específicos. Como ya vimos en el caso de la Odisea, la sintaxis es uno de los mayores problemas de traducir poesía. La prosa es el género más sujeto a problemas de etimología y “visiones del mundo”, ya que muy seguido la prosa habla del mundo real en mayor detalle que los dos otros tipos de texto.
Ya sea en la sintaxis, en el significado, o en la etimología, hay un sinfín de problemas, decisiones y renuncias que considerar al traducir, y cualquier objetivo de traducción es una negociación con el sistema de lenguaje escogido.
Tatiana Laks Castañeda — Fulcrum 2025