En The New York Times se hizo un experimento para comprobar si las fuentes tipográficas hacen que un mensaje se perciba como más o menos confiable (Anderson, 2012). Se compararon seis fuentes: Baskerville, Comic Sans, Computer Modern, Georgia, Helvetica y Trebuchet. A cada lector se le mostró el mismo artículo pero escrito con una fuente distinta, y posteriormente se les aplicó un cuestionario acerca de qué tanto confiaron en el texto. De los más de 45,000 participantes se concluyó que la fuente Baskerville generó la mayor confianza y la Comic Sans la menor.
Podemos intuir entonces la importancia de la selección tipográfica. Determina cómo le llega el mensaje al lector: qué tan rápido lo lee, qué tanto disfruta la lectura, en qué le hace pensar, qué tanto se le dificulta decodificar la forma de las letras, qué entiende y qué tanto confía en el texto.
Antes de empezar, observemos la anatomía de las letras. Esto es un renglón tipográfico, que considera las diferentes líneas y alturas sobre las cuales se debe poner una letra. También necesitamos definir dos conceptos: la legibilidad y la lecturabilidad. Con legibilidad nos referimos a la capacidad que tiene un caracter de ser reconocible entre otros de la misma fuente; es decir, qué tan fácil es saber que la “a” es una “a” y no una “n”. Es la capacidad de una fuente de ser leída y comprendida. Esto tiene que ver con las características formales de la tipografía y con el contexto cultural, generacional, emotivo y perceptivo del lector.
La lecturabilidad, por otro lado, considera al cuerpo de texto completo y se refiere a la capacidad de éste de ser entendido y a la facilidad y velocidad de lectura. Tiene que ver más con la composición de este cuerpo de texto y de las letras mismas (las contraformas, el espaciado, la posición de las letras, el ancho de columna) y del ritmo que llevamos al leer (Darsync digital, 2025). Esto es lo primero que se debe contemplar al diseñar una obra literaria. Debemos plantearnos las siguientes preguntas antes de elegir una fuente tipográfica: ¿qué tan grande será el puntaje?, ¿qué tan largo es el texto?, ¿cómo será la composición final?, y sobre todo, ¿quién va a leer este texto?
Garamond y Comic Sans son fuentes tan distintas que podría parecer obvio cuál es el uso apropiado de cada una, pero si comparamos Garamond con otra fuente serif como Bodoni también se reconocen diferencias, aunque sutiles, entre sus cargas significativas e históricas. Esta carga comunica. Para poder entender por qué, tenemos que revisar velozmente la historia del libro y de las letras mismas. Todo tiene su origen en la caligrafía.
El alfabeto que usamos hoy en día surgió en el imperio romano con el latín. Primero aparecieron las mayúsculas monumentales o letras imperiales, como las de la famosa columna de Trajano. Estaban talladas en piedra con cincel. Existe la teoría de que las serifas (los pequeños patines que tienen algunos tipos de letras hoy conocidas como serif, por ejemplo Times New Roman o Garamond) surgieron como una manera de evitar que, al tallar una letra, no se abrieran más las cinceladas con el paso del tiempo. Para facilitar la escritura, se comenzó a usar el papiro egipcio como soporte. Para escribir en él, se usaban cálamos, un antecedente de la pluma actual. Estos palos de madera con una punta plana fueron el primer encuentro de la humanidad con la caligrafía. El tipo de letra escrito con cálamo que surgió imitando las mayúsculas monumentales se conoce como quadrata. Era difícil de trazar, por lo que evolucionó a formas más sintetizadas. Esto junto con la influencia de la caligrafía uncial del norte de Europa resultó en las formas que hoy conocemos como minúsculas.
La caligrafía carolingia, como su nombre indica, surge con Carlomagno. Ya tenía definidas las minúsculas pero sus ascendentes y descendentes eran tan amplios que desperdiciaban papel. Con la finalidad de ahorrar espacio y materiales, ya en pleno Medievo, surgen los diversos estilos de letras góticas. Las letras que usó la famosa imprenta de Johannes Gutenberg en el siglo XV, eran letras que imitaban perfectamente la caligrafía gótica de un manuscrito. En Alemania, las letras góticas se siguieron usando mucho hasta mediados del siglo XX.
Entrando al Renacimiento, al igual que en el resto de las artes y ciencias, se buscaba regresar a lo clásico en la caligrafía. Muchos abandonaron el uso de las letras góticas y se reinterpretaron las carolingias para crear las letras humanistas. A partir de este estilo caligráfico se tallaron tipografías que siguen usándose hoy, llamadas igualmente humanistas (o venecianas por haberse tallado en Venecia). Esta tipografía es orgánica, similar a su equivalente caligráfico, y con escaso contraste entre gruesos y finos. Entonces, elegir usar una letra como Jenson o Berkeley Old Style, que son humanistas, remite al contexto histórico del Renacimiento.
Incluso existen tipografías sans serif (sin patines) humanistas, como Gill Sans, que a pesar de no tener remates continúan siguiendo las reglas estructurales de las letras renacentistas. Lo mismo sucede con todas las demás fuentes tipográficas: cada una carga con un contexto histórico, dependiendo de la época en la cual fue creada. Las garaldas, como Garamond y Bembo, son letras francesas que surgieron en el siglo XVI, y cargan el contexto de esta etapa del Renacimiento. Tenían todavía mucha influencia caligráfica (se les nota en la inclinación de sus trazos), pero alturas de x más altas que las humanistas. Las letras barrocas, como indica su nombre, son más contrastantes y pesadas, floridas y ornamentadas, como Century Old Style o Caslon.
Las letras de transición, que surgen principalmente en el siglo XVIII, eran todavía más contrastadas y mucho más delicadas, como Baskerville o Century Schoolbook. A finales del siglo XVIII surgieron las letras didonas, con remates delgados y muy pronunciados además de muchísimo contraste. Son letras racionales, rectas y geométricas, como Bodoni. Todavía más geométricas son las letras mecanas, que llevan consigo la carga histórica de la revolución industrial. Estas son cuadradas, con menos contraste, buscan llamar la atención. Las máquinas de escribir usaron letras de este estilo, como American Typewriter, Rockwell o Clarendon.
LA TIPOGRAFÍA COMO LA VOZ DEL ESCRITO
Dentro de la categoría de letras serif —que son las que más se usan para diseñar los interiores de los libros— existen muchas diferencias que afectan su carga significativa histórica. Entonces, primero que nada, debemos considerar qué tipo de mensaje histórico queremos comunicar para poder elegir una fuente adecuada. La carga significativa de una fuente no solamente es histórica. Hoy en día existen muchos otros tipos de letras, como las letras sans serif, display (decorativas) y script (manuscritas, usualmente cursivas), que tienen distintos efectos en la percepción dependiendo de su forma y sus connotaciones.
Varios académicos han estudiado el efecto de la tipografía en el lector, abordando distintas perspectivas como la legibilidad, la lecturabilidad, el estado de ánimo y las connotaciones. Según Beier y Larson (2013), en realidad la razón por la cual se nos facilita la lectura de fuentes serif es por la familiaridad que tenemos como lectores con esa forma de letras. Concluyen que, aunque la legibilidad es un tema subjetivo, la forma de las letras no ha cambiado tanto con los años debido a la opinión de los lectores y su familiaridad con las fuentes comúnmente usadas.
Sin embargo, existen otras razones para usar fuentes serif más allá de sus connotaciones y lo habituados que estamos a ellas. Se cree que una fuente con remates de tamaño proporcional al resto de la letra es más legible y lecturable que una fuente sans serif debido a que las formas de las letras son más diferenciadas y hay claros inicios y finales en sus trazos, lo cual, como mencionan Arditi y Cho (2005), puede facilitar una lectura rápida y evita la fatiga. Se cree que las serifas también evitan que el lector se pierda, ya que los pies de las letras sirven de guía al generar algo similar a un renglón.
En el estudio de Larson y Picard (2008) se concluyó que una buena selección tipográfica y un buen diseño de página pueden mejorar la experiencia emocional de la lectura. Así, resulta evidente la importancia de elegir cómo se ve una obra literaria. La tipografía es la voz de un escrito. Como escritores y diseñadores, al priorizar que un texto se entienda, comunique, y además se vea hermoso, le brindamos a la obra más profundidad y al lector la oportunidad de disfrutar plenamente la lectura.
Fulcrum — Lancaster 2025